Recuerdo, sin embargo sobre todas las cosas, la mano pringosa de sangre de Farag buscando la mía. Y creo que fue encontonces, en esos momentos en que no podía dejar de ejercer ningún tipo de control sobre mí misma, cuando me di cuetna de que me estaba enamorando de aquel extraño egipcio que parecía estar siempre pendiente de mí. y que me llamaba emperatríz a escondidas de todo el mundo.
Era imposible y ,sin embargo, aquello que sentía no podría ser otra cosa que amor, aunque no tuviera nijnguna referencia anterior en mi vida con la que poder compararlo. Porque yo nunca me había enamorado, ni siquera de adolescente, así que jamás entendí el significado de esa palabra...
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