viernes, 27 de enero de 2012

Él no podía hablar, ni siquiera sabía si era capaz de escucharme pero comencé a hablar, a decirle lo que con tanta ansía esperaba que oyese.
- Víctor, no puedes morirte. Hoy hace un día precioso y tienes que verlo. Tenemos que ser ancianitos y estar los dos juntos en nuestra casa soñada, sí, esa con ventanas azules. Tienes que cumplir tus sueños. Sé fuerte por favor. Yo estaré contigo para ayudarte. Te quiero, de hecho eres la persona a la que más he querido. ¡No seas egoísta! ¡No puedes dejarme sola! Te perdono Víctor, te perdono...
Algo interrumpió mis palabras, era un pitido que se te metía en el alma, que te cortaba la respiración. Miré un pequeño monitor negro que controlaba los latidos de su corazón y en él se veía una línea recta y horizontal que parecía no tener fin. Reaccioné, sabía lo que significaba aquello.

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